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Soy escritora, profesora, loca del maquillaje, con muchos sueños por cumplir, mucho nervio, una sonrisa perpetua y adoro hacer miles de cosas

domingo, 14 de octubre de 2012

¡¡Segundo Regalito Dimathiano!!

Hola Dimathian@s!


Como dije en las Noticias Breves, aquí os dejo el primer capítulo de la reedición de Crónicas Mágicas: Dimathian.
Espero que os guste que comentéis y que lo compartáis con cuanta más gente mejor!!





1 Comienza la Búsqueda
Dylan volvió a cruzar el portal agachandose, debido a su altura, y apareciendo al otro lado. La cueva donde apareció se encontraba en total oscuridad y buscó con sus grandes ojos verdes a su compañera Nadira, mientras retiraba su pelo negro como el carbón de su cara.
−¡Nadira! ¿Dónde te has metido? —Preguntó mirando a su alrededor.
−¡Estoy aquí! —Respondió la chica desde el exterior de la cueva.
Sin perder un segundo, salió y allí se la encontró, mirando todo lo que la rodeaba, con esa curiosidad innata de los Dimathianos.
−No te pongas a investigar, que tenemos mucho que hacer —Dijo él con autoridad.
Nadira se dio media vuelta y Dylan se quedó mirando, embobado, a aquella chica de figura delgada y esbelta, con el pelo rubio y ojos de color tierra.
−Lo siento —Dijo ella con una sonrisa infantil en los labios—. Es la costumbre.
Nadira era muy ágil y rápida así que no le costó nada alcanzar a Dylan y ponerse a su lado, el joven que caminaba por el bosque de forma rápida y decidida, como si tuviera claro el rumbo a seguir. Pero ella estaba algo perdida, no entendía lo que su compañero pretendía hacer.
−¿Dónde se supone que estamos? y ¿a dónde se supone que vamos? –Preguntó sin dejar de caminar.
−Tenemos que encontrar a todos los magos que haya en este planeta –Dijo él de forma natural.
−¿Eres adivino y ya sabes dónde están? –Preguntó ella en tono divertido.
−Pues claro que no –Contestó malhumorado–. Tenemos que situarnos en un lugar alto y pronunciar el conjuro de búsqueda. Después la piedra blanca nos marcará el camino para llegar a ellos.
−Pero… ¿Y si se encuentran muy lejos? –Preguntó–. Este planeta es enorme, podemos tirarnos meses viajando.
−Por eso hay que darse prisa. Venga, vayamos rápido.
−Vale… –Dijo con desgana.
El bosque en el que se encontraban era tranquilo, apacible, se respiraba auténtica paz. Era tan relajante que Nadira no pudo evitar esbozar una sonrisa mientras caminaba rápido para no perder de vista a su compañero. Se sentía bien caminando por ese lugar que por unos efímeros segundos le recordó a Dimathian.
Le estaba encantando el planeta, ya que era relajante y tranquilizador.
Pero el ensueño de Nadira ante tal lugar se esfumó cuando la voz de Dylan llegó a sus oídos para explicarle que los antiguos magos habían investigado el planeta, descubriendo que los humanos que allí vivían no cuidaban la naturaleza ni a las formas de vida. No lo respetaban, si no que acababan con ello por puro placer. Ella no daba crédito a lo que oía e incrédula defendió su posición argumentado que los habitantes de un sitio de tal belleza debían ser respetuosos son él, pero Dylan no le hizo caso y a los pocos metros, encontraron una zona elevada, con unas vistas impresionantes del Amazonas, para poder realizar el conjuro.
−Me parece que en este lugar, el ser humano ha estado muy poco sigue siendo virgen y puro como debería serlo el resto del planeta.
−Bueno, ¿Tú no tenías tanta prisa por hacer el conjuro? –Preguntó ella–. Pues venga, venga….
Se colocaron uno frente al otro mirándose a los ojos. Eso puso nerviosa a Nadira que sintió como su corazón se aceleraba momentáneamente. La joven llevaba un tiempo enamorada de Dylan, pero no lo había confesado nunca. Ella sabía el éxito que el mago tenía en Dimathian, tenía muchas chicas donde elegir y estaba segura de que ni se había fijado en ella de esa forma así que no quería que el joven supiera nada de sus sentimientos por temor al rechazo.
Él metió la mano en su bolsillo de donde sacó una pequeña piedra puntiaguda enganchada a una cuerda de cuero. Ella hizo el mismo gesto sacando otra piedra casi igual. Dylan la cogió con la mano derecha y unió su mano con la de Nadira para que ambas manos estuvieran en contacto con las piedras blancas. Unieron también las otras manos y cerraron los ojos para comenzar a pronunciar el conjuro.
Notaban como su energía empezaba a fluir por sus cuerpos, su magia se mezclaba con la del otro para que el efecto del conjuro fuera mayor. Una vez que acabaron, abrieron lentamente los ojos.
La piedra blanca emitió un leve resplandor que luego se hizo más tenue hasta que se extinguió por completo. Nadira miró muy extrañada las piedras que aún permanecían entre ambas manos. Bastaba con que uno de los dos dijera el conjuro, pero prefirieron volver a unir sus fuerzas mágicas. Ella había prestado parte de su energía para que el conjuro fuera lo más efectivo posible, por eso no entendía por qué no había funcionado.
−¿Están rotas?
−¿Cómo crees que vayan a estar rotas? –Preguntó Dylan irritado sin responder la pregunta.
−Es que yo pensaba que iba a iluminarse como el fuego para señalarnos la dirección. Y el resplandor ni se ha visto–. La decepción se notaba en su rostro.
−No seas zopenca…. Ese leve destello que hemos visto, significa que el conjuro ha funcionado, pero hasta que no comencemos a caminar no empezará a indicarnos el camino.
La muchacha, se sintió herida por tales palabras de una manera exagerada a causa de la naturaleza de los sentimientos que sentía por él, así que prefirió no hablar más durante unos minutos. Bajaron de la zona elevada y la piedra se iluminó de forma muy tenue. Dylan al verlo se giró en la dirección opuesta a su marcha. Nadira,  avida por aprender más y demostrarle que podía ser mejor con su magia, decidió preguntar:
−Oye Dylan… ¿Por qué vamos en dirección opuesta?
−Porque si el brillo de la piedra blanca es muy tenue y se apaga cuando se empieza a caminar, es que hay que ir en la dirección contraria.
−¿Ah, si? ¿Y qué más hace la piedra blanca? –Preguntó sorprendida.
−¿Es que acaso no leiste el libro “Historia y usos de la piedra blanca” cuando te adiestraron?
−Pues… solo lo leí por encima –Confesó sacando la lengua como una niña pequeña.
−¿Qué? – Preguntó sobresaltado–. ¿Me han asignado a una compañera que no sabe nada de la piedra blanca?
-No es eso, sé manejarme bien con la magia, sólo que a veces necesito una pequeña ayuda. El Maestro Quiren pensó que contigo podría coger la práctica que me falta.

Dylan se paró en seco, necesitaba hablar seriamente con ella para poder continuar con la misión y regresar a Dimathian sin ningún rasguño.  Era una misión demasiado peligrosa como para estar con alguien inexperto.
−A ver, dime qué significan tres de los diez posibles colores que puede adoptar la piedra blanca –Pidió muy exigente.
−Pues… El blanco es para cuando se hace una búsqueda.
−Ese no tendría que valer porque te le dije yo. Pero vale, dime dos más.
−Pues… A ver… El negro es cuando detecta algún mago negro o repudiado  -Contestó no muy segura-. Y… Creo que… El color rojo significa que hay algún mago herido -Contestó dudando.
−Has acertado. Pero me parece que acertaste de casualidad. –Respondió muy serio -Veamos, otra pregunta sobre la piedra... –Dijo pensativo–. Si quieres lanzar un ataque a gran escala ¿Qué tienes que hacer con la piedra blanca?
−Creo que eso me lo salté –Contestó sacando la lengua y sonriendo.
−Pues atiende porque solo te lo explicaré una vez.
−Vale, tranquilo, que yo soy muy buena alumna.
−Debes apuntar en la dirección en la que lanzarás el conjuro y pronunciarlo. Pero con los ataques con agua no es tan efectivo –Comentó él sin dejar de caminar por el bosque.
−¿Y ya está? Pensaba que sería más difícil usarla para un ataque…
−¿Crees que es fácil usarla? Cada piedra responde solo a su mago, y hace falta mucha maestría y práctica para que sea totalmente fiable y útil.
−Pues a lo mejor es por eso por lo que a mi no me resulta tan útil la piedra blanca, porque no suele funcionarme casi nunca –Comentó mirando su piedra, que en ese momento, colgaba de su cuello.
−¿Cómo quieres que te funcione bien si no sabes casi nada sobre la piedra blanca?
−¿Tú viste lo gordo que es el libro?
−Claro que lo vi, me lo estudié en su día. Me sé todos sus usos, y todo lo que hay que saber para que funcione y no me falle nunca –Contestó orgulloso de sí mismo.
-Bueno, no todos somos el empollón de la clase –Le reprocho un poco más ofendida.
−No soy un cerebrito, soy un buen mago, que es distinto, en cambio tú… pareces de primer nivel.
−No soy de primer nivel –Contestó ofendida–. Estoy casi en cuarto nivel.
−¿Tú en cuarto nivel? –Preguntó parándose incrédulo–. Debes ser un peligro con los conjuros. Si lo llego a saber hago yo solo el conjuro de búsqueda.
−¡Qué exagerado! –Gritó enfadada.

En plena discusión escucharon el sonido de unas ramas crujiendo. Se quedaron en silencio e inmóviles, necesitaban pasar desapercibidos ante el que con sus pasos rompía madera y se deslizaba rápidamente por el lecho de hojarasca seca.
A los pocos segundos, vieron a un gran jaguar que se movía hacia ellos con decisión, Nadira actuó por instinto, cogió su piedra y pronunció un conjuro.
Progos –Gritó en voz alta.
Al instante el jaguar se quedó desconcertado, parándose en seco y olfateando e intentando encontrar a su presa de nuevo. Después de varios intentos fallidos, se dio media vuelta y se marchó.
Dylan, aun paralizado, se había sorprendió al escuchar a la muchacha realizar el conjuro a la perfección, ya que no era fácil de  ejecutar, sobre todo por una persona que había mostrado su torpeza con la piedra blanca.
−¿Conoces el conjuro de protección? ¿Y encima eres capaz de hacer que funcione? -Preguntó totalmente anonadado-. Vaya no pensé que fueras capaz de eso–. La sorpresa se reflejaba en su rostro.
−De nada, por salvarte la vida –Contestó molesta.
−Gracias, de verdad –Dijo él sujetando su mano con delicadeza.

Se quedaron unos segundos en silencio mirándose fijamente a los ojos. Dylan todavía sostenía la mano de Nadira entre las suyas y ella se había sonrojado tremendamente por la situación. Avergonzada trató de cambiar de tema para que él no continuase con los ojos fijos en ella.
−¿Ves como no soy tan torpe como tú piensas? –Preguntó para intentar recomponerse.
−Perdóname –Se disculpó acercándose más a ella–. Espero no haber herido tus sentimientos, no era mi intención…
−Eh… No, tranquilo, no pasa nada… –Contestó nerviosa por la cercanía de Dylan.
−¿Te pongo nerviosa? –Preguntó levantando una ceja y acercándose tanto a ella que sus labios se quedaron a unos pocos centímetros.
−Si, un poco…
−¿Y si me acerco?
El rubor de las mejillas de Nadira iba en aumento, no sabía lo que hacer ni lo que decir. Se puso tan nerviosa y alterada por estar en esa situación con Dylan que actuó sin pensar.
Dilanón –Gritó.
El conjuro lanzó a Dylan varios metros hacia atrás haciendo que cayera al suelo de golpe. Aturdido y molesto, se levantó y se sacudió las ropas. Se acercó a ella y la miró.
−¿Por qué hiciste eso?
−Para demostrarte que soy buena –Dijo ella sonriendo.
−Eso no es verdad. Estabas roja como un tomate, te pone nerviosa que estemos tan cerca ¿A qué si?
−Pues no. No seas tan creído –Respondió intentando ocultar su rubor.

Dylan se acercó a ella, que había empezado a caminar con la cabeza agachada. La detuvo sujetándola del antebrazo e hizo que sus miradas se cruzasen.
−No soy creído, pero soy bueno interpretando el lenguaje corporal. Y sé lo que está diciendo tu cuerpo ahora.
−¿Ah, si? A ver, ilústrame.
−Te pones nerviosa cuando nos tocamos, pero sobre todo cuando estamos muy cerca o nos miramos a los ojos –Explicó con un hilo de voz ronco y dulce a la vez–. Con lo que deduzco que, es más que probable que te sientas atraída por mí.
−¿Cómo puedes ser tan engreído? –Preguntó cada vez ruborizándose más.
−¿Lo ves? Te has puesto roja como un farolillo.
−Eres un idiota –Replicó enfadada.
Nadira sacó su piedra blanca, la observó y se puso a caminar sin mirar ni siquiera a Dylan. Él se quedó pensativo viendo su reacción. Se puso a su lado intentando volver a detenerla y así seguir hablando, pero ella se zafó de su agarre de forma brusca y continuó caminando con paso firme dejándole atrás y evitando su mirada con todo su empeño y con una expresión en su rostro de vergüenza.
−¡Espera, Nadira!
−¡Déjame en paz! Buscaré yo sola a los magos.
−¡Espera, por favor! –Gritó corriendo tras ella.
Nadira continuó su marcha sin prestar atención a nada salvo a su piedra blanca. Ella sola buscaría a los magos y los llevaría hasta Dimathian sin ayuda de ese joven que había resultado ser un chulo y un engreído.
Perdida como estaba en sus pensamientos, no percibió que Dylan la había alcanzado. La sujetó por el hombro y ella le miró furiosa, apartó la mano de Dylan de un manotazo. Realmente estaba muy enfadada con él, en parte, porque había visto muy pronto lo que ella sentía y no podía consentirlo. Por otra parte, experimentaba mucha frustración ante la falta de confianza que demostraba Dylan hacia ella como maga.
−¡No te acerques!
−Nadira, no te pongas así…
−Sí que me pongo así, ¡creído! –Gritó ofuscada.
−Sé que es verdad, soy bueno leyendo lenguajes corporales. No puedes negarlo –Contestó–. Además te pusiste roja.
−¡Qué dejes el tema! –Gritó nerviosa.
−Cálmate, por favor, Nadira. No es nada malo, de hecho me pareces una chica estupenda y muy guapa.
−¿Eh? –Ella estaba totalmente descolocada.
−Antes intentaba decirte que era estupendo que mostrases signos de que te gustaba porque tú a mí también me gustas –Confesó con una amplia sonrisa.
−¿Yo? ¿Me tomas el pelo? –Preguntó incrédula.
−No, no te tomo el pelo.
− Pero… Si eres más mayor que yo. Seguro que hay magas de tu misma edad y mucho mejores que yo –Contestó sin mirarle.
− Ya, pero eres tú la que me gustas –Dijo levantándole la barbilla para que se miraran a los ojos.
−¿Por qué me tienes que decir esto justo en medio de una misión?
−Porque… Bueno, no sé porqué te lo digo ahora. Pero te lo digo –Dijo hecho un lío–. ¿Qué respondes?
Nadira  se quedó mirándole a sus preciosos ojos verdes mientras le palpitaba el corazón. Su nerviosismo aumentaba al verse reflejada en los ojos de él. Se acercó a Dylan lentamente, se puso de puntillas, se apoyó ligeramente en sus hombros para no perder el equilibrio y titubeando por un segundo le rozó los labios con los suyos, sintiendo una  descarga. A Dylan le pilló por sorpresa pero fue un regalo inesperado y dulce para él. Después ella se separó lentamente y se puso a caminar con una expresión de felicidad en el rostro, ante la mirada de aquel joven cuyo rostro la tenía completamente enamorada, con gesto aniñado pero a la vez muy sexy que tenía conquistado su corazón. Aunque lo que realmente cautivaba a Nadira era esa sonrisa perfecta, ligeramente torcida hacia un lado, con unos dientes impecables y un pequeño hoyuelo formado en la barbilla.
Feliz se acercó a Nadira y se puso a su lado, caminaban a la par y Dylan la cogió de la mano. Ella la sujetó fuerte y no pudo evitar que un ligero rubor asomara por sus mejillas, haciendo que él se sintiera muy afortunado.
La caminata duró muchas horas, hasta que se hizo de noche y tuvieron que guarecerse en un refugio que crearon mediante un conjuro. Era como una pequeña casita hecha de ramas y hojas de los árboles de su alrededor. No era demasiado confortable pero les serviría como protección ante las criaturas nocturnas de aquel lugar.
Nadira se tumbó y Dylan se puso a su lado para darle calor. Ella no se apartó a pesar de que su corazón se aceleró con el contacto y el calor corporal de él.  Abrazados, durmieron relajadamente. Dylan vigiló el sueño de Nadira. Repasaba con sus ojos ese rostro tan dulce y bello. El largo y rubio cabello de ella, que caía a lo largo de su espalda, siempre había hecho que se sintiera hipnotizado, realmente no se creía que pudiera tenerla entre sus brazos.




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